PROLOGO
''Apenas tengo tiempo para expresar todo lo que estoy viviendo Anna. Desde que he llegado aquí todo ha cambiado, incluso yo. Temo no regresar junto a vosotros, incluso de quedarme en Herlan por obligación. Se que no tiene sentido esta carta pequeña hermanita, pero eres la única con quién me siento seguro expresando esta angustia. Espero que en un futuro, jamás vengas a Herlan... nunca. No es un lugar seguro.''
Christian C.
Anna releía una y otra vez la carta de su hermano. Se encontraba recostada en el asiento del coche mientras empotraba la carta contra su pecho. Su padre, el cual conducía ciegamente por los desvíos que le marcaba el mapa de sus manos, apenas se percataba de las lágrimas que recorría las mejillas de su pequeña hija Anna. Habían partido hace cinco horas de Australia tras una llamada inquietante que recibió Suller Crowen en la comisaría. «-¡Hay mucha sangre, han desaparecido... ayudadme. Estamos en Herlan... ayuda...!-». La voz de aquella chica pidiendo ayuda resonaba en la cabeza de Suller, y más al escuchar Herlan, el pequeño pueblo en donde su hijo mayor decidió ir para pasar las vacaciones.
- ¿Queda mucho, padre? -
- No creo... - masculló agarrando con fuerza el volante -
Iban en el interior de un pequeño coche de segunda mano de color grisáceo. Se tambaleaba los retrovisores por los baches de la tierra y por los desvíos que tomaba constantemente. De pronto, Suller pegó un fuerte frenazo cuando el camino que estaba siguiendo estaba cubierta por un gran manto de niebla, como si fuese una cortina que escondía los peligros que se podría avecinar sobre ellos.
- Con esta niebla es peligroso continuar conduciendo... - su voz sonó rendida -
- ¿Te piensas echar atrás? - Anna se sobresaltó - Herlan está hacia delante, estamos apunto de llegar padre -
- Pero se ve peligroso... - Suller miró a su hija y contempló que había llorado en silencio. Entonces tomó aire y poso ambas manos en el volante - Bueno, continuaremos con más cuidado, ¿te parece? -
Anna asintió con una sonrisa, y Suller hizo mover el coche poco a poco, adentrándose cada vez más en la niebla y siendo engullidos por esa cortina que cubría el resto de la carretera. Al cabo de unos minutos, el coche desapareció en la niebla, y éste condujo ciegamente por el camino hacia Herlan. Detrás, donde Suller paró hace un momento, dos siluetas cuyos ojos brillaban de un color intenso por el influjo de la niebla, sonreían al ver el coche continuar.
- Veo que es cierto que han venido a Herlan... -
- ¿Debería preocuparnos? -
- Para nada... - dijo la mujer más alta agitando su larga cabellera negra - Ahora estarán en Herlan, pronto empezará el gran espectáculo que se merecen padre e hija... -
- Un espectáculo que nuestros «cachorros» también estarán... -
La otra mujer, quizás mas joven que ella por su voz inocente, tomo la mano de su compañera y la miró penetrante a sus ojos. Ella se relamió sus gruesos labios rojos y besó con pasión a la joven muchacha.
- Lo que andábamos esperando desde hace siglos, al fin ha llegado... -
- Una vida eterna en Herlan junto a nuestros hermanos y hermanas... -
Poco a poco ante ellas, la niebla comenzó a descender de las copas de los árboles, y lentamente la carretera quedó visible. Ambas chicas se agarraron de la mano y observaron las huellas del neumático del coche que se dirigía directamente a Herlan, el pequeño y anónimo pueblo de las leyendas.